Tránsitos a la intemperie

We all have reasons

for moving.

I move

to keep things whole.

Mark Strand

 

En oposición al devenir convulso del hombre actual, el poeta Rafael Castillo Zapata (Caracas, 1958) nos convierte en los espectadores primeros de las Estancias (Caracas: Equinoccio, 2009) de alguien que habita la palabra poética y guarda serenidad ante lo imprevisible de los días. “Parte de piedra”, primera pieza de esta tríada, es un lugar ensoñado en donde, a través de rigurosas permutaciones verbales, el poeta nos expone a la desnudez mineral para acompañarlo en el interrogatorio erigido frente al poema que, como poder, quizás contenga dentro de sí la divina potestad de nombrarlo todo. Mediante alusiones a lo prístino del universo y el trabajo del agua como elemento primordial, logra situarnos en aquella condición humana primaria que escapa a toda pretensión de forma y que devela, desde la formulación del sufrimiento del hombre, una quietud que se abstrae en pausas y silencios conformándose en una unidad impersonal sólo intrigada por los tránsitos de la palabra.

“Mecánica celeste”, asimismo,  es la esfera de la observación: de la etimológica con-templación y con-sideración de las cosmogonías. Con el candor propio de la distante niñez, somos testigos de una cinemática atmosférica en la que el suceso paraliza y nos involucra en un entramado celeste de la palabra. Ésta última adquiere una especie de cadencia anacrónica, que a su vez evoca la prudencia de voces orientales que solamente reverencian, ante el enceguecimiento de la inmensidad, el sagrado Corazón del Cielo. La muerte diaria de los soles implica una promesa de resurrección en la que la fuerza humana se distribuye toda en cuerpo y se hace cartografía de verticalidades abismales y vastedad horizontal; golpe de luz que reciben las pupilas del sonámbulo.

Por su parte, “Providence” es el hogar del resurrecto, sitio de la añoranza, de lo corpóreo, del instinto y del presentimiento que recorre el cuerpo del alucinado. Las luces se refractan para transponerse en elementos que  hasta ese momento de la lectura parecieran vírgenes; aquellos que evocan el fuego y evocan la costa británica en guiños macbethianos encarnan también la casa, la mujer, la luna, la quemada y la herida. Es el sitio donde lo lúcido de un deslumbrado halla morada: el cuerpo, la reflexión y la advertencia modesta de nuestra unicidad.

Rafael Castillo Zapata nos somete a estas tres Estancias de canto elevado que poseen el poder de devolver, al tempo y tiempo de nuestra alma, parte también de humanidad. A través de esta lectura y recorrido volvemos a ser tan primigenios y humanos como quien transita toda una vida desnudo y a la intemperie.

 

Aryam Ladera

Reseña elaborada en el Taller de Reseña Literaria  dictado por Gabriel Payares en la Escuela de Letras de la U.C.V.

Ilustración: Héctor Poleo

 

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